ARTICULOS DIARIO LA NACION
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Nota: Primera detección de rayos cósmicos
Sección Ciencia-Salud
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Fecha de publicación
02-07-2001
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En el observatorio Pierre Auger, que se instala en Mendoza
Primera detección de rayos cósmicos
El gigantesco proyecto internacional se encuentra todavía en construcción
Todo parece indicar que el futuro mayor observatorio de
rayos cósmicos del mundo, el Pierre Auger, situado en los departamentos
mendocinos de Malargüe y San Rafael, funcionará bien. Lo corroboró
este hecho: apenas instalado uno de sus 1630 sensores, éste detectó
un aguacero de partículas de altísima energía oriundas
del espacio exterior.
Faltan tres años hasta la fecha de terminación
del Auger, una obra que costará al menos 50 millones de dólares
e involucra a la Comisión Nacional de Energía Atómica
(CNEA), las universidades nacionales de Cuyo (UNC), La Plata (UNLP) y
Buenos Aires (UBA) y la Tecnológica Nacional (UTN), así
como al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
(Conicet), y organismos de 19 países. Esta primera detección
augura que cuando el sistema esté totalmente instalado tendrá
una sensibilidad desconocida hasta hoy.
El dato no es menor, si se tiene en cuenta que el Observatorio
Internacional de Rayos Cósmicos de Alta Energía Pierre Auger
es un disparo en la oscuridad, nunca se ha hecho.
El observatorio Auger no es un telescopio óptico
como el venerable refractor de la Asociación de Amigos de la Astronomía
de Parque Centenario, o el hipermoderno Hubble de la NASA, en órbita
terrestre baja. Es un sistema distribuido , una red de sensores automatizados
de dos tipos: el primero detecta relampagueos ultravioletas en la alta
atmósfera terrestre y el segundo intercepta partículas de
alta energía.
El aparato que acaba de dar pruebas de buen funcionamiento
es lo que se llama un telescopio de fluorescencia . De éstos, el
sistema tendrá sólo treinta, ubicados bajo techo. Cada uno
poseerá un considerable espejo cóncavo dirigido al cielo
para concentrar los ocasionales fogonazos de ultravioleta (invisibles
al ojo humano) que ocurren en la atmósfera, sobre el punto focal.
Allí un dispositivo transforma las detecciones en señales
electrónicas, que viajan por cable a través del agreste
paisaje vacío hasta las computadoras centrales del sistema, donde
se reunirá,
procesará e interpretará la información.
Poco convencional
El otro tipo de sensor del Auger, mucho más abundante
(habrá 1600 de ellos), rompe totalmente con el concepto de telescopio
convencional, y parece más bien una bañadera high-tech .
Se trata de tanques cerrados de polietileno llenos de agua de enorme pureza
química y comunicados con el resto del sistema por una antena de
radio; todo pensado para operar sin asistencia humana y con mínimo
mantenimiento.
¿Por qué estos extraños sensores?
Por la extrañeza misma del fenómeno por captar. Los rayos
cósmicos de alta energía son velocísimas partículas
subatómicas de origen desconocido (aunque resueltamente extraterrestre).
Cuando penetran en la atmósfera superior, algunas chocan con las
moléculas de aire y producenflashes de luz ultravioleta. Se necesita
bastante sensibilidad para captar estos destellos: el telescopio que acaba
de mostrar su valía tiene la capacidad teórica de detectar
una lamparita de 40 vatios a 20 kilómetros de distancia.
Pero hay una gran cantidad de partículas cósmicas
que logra traspasar la atmósfera sin chocar contra ninguna molécula.
A éstas las están esperando los tanques de superficie, donde
chocan contra las moléculas de agua y producen relampagueos azulados
que captan unas células fotoeléctricas internas y que la
antena de radio reporta en tiempo real al centro del sistema, ubicado
tal vez a decenas de kilómetros de distancia.
¿Por qué el Auger necesita una superficie
tan desmesurada como 3000 kilómetros cuadrados? Por la misma razón
por la que un roedor nocturno ve mejor cuanto más grandes tiene
los ojos (y por lo tanto las retinas): a mayor superficie colectora, mayor
sensibilidad. Pero la gran distancia recíproca entre los distintos
sensores del Auger permite además triangular con precisión
cada cascada de detecciones y ubicar el origen cósmico del rayo
cósmico, más o menos por lo mismo por lo que la gran separación
entre los oídos de una lechuza le permite determinar el sitio,
en la oscuridad, donde corre un ratón.
Dos preguntas finales: ¿por qué la Argentina
y por qué Mendoza? Muy sencillo: buenos profesionales, bajos costos,
cielos de increíble transparencia y enormes extensiones vacías.
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Daniel Arias - LA NACION
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Nota: Medio siglo de rayos cósmicos
Sección Ciencia-Salud
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Fecha de publicación
30-05-2001
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Evocación: en 1950, Mendoza ya tenía un observatorio pionero
Medio siglo de rayos cósmicos
El centro perteneció a la Universidad y funcionó hasta 1955
En 1949 ya existía el Instituto de Rayos Cósmicos de la
Universidad Nacional de Cuyo, en Mendoza, y en mayo de 1950 comenzó a
funcionar su propio Observatorio de Rayos Cósmicos, construido a 4000
metros de altura. Allí, por medio de placas sensibles, se registraba la
misteriosa llegada de rayos cósmicos venidos desde el espacio. La iniciativa
y los planes de trabajo del Instituto de Rayos Cósmicos despertaron interés
mundial y centros de investigación brindaron colaboración, que resultó
provechosa.
También la prensa nacional se hizo eco de esa aventura científica.
Se estimaba, con sorpresa y elogios, la correcta elección del lugar y,
cosa muy destacada, por ser la primera en su tipo en el mundo luego de
ensayos practicados en Francia y los Estados Unidos.
Aquel observatorio en las proximidades de la laguna del
Diamante se edificó superando grandes inconvenientes debido a la altura,
falta de caminos y el riguroso clima de la zona. Terminada su construcción,
y a fin de no retrasar las tareas científicas, ya comenzado el frío otoño
de 1950, debió organizarse una expedición cívico-militar.
Se utilizó un centenar de mulas de montar y carga del Ejército
para llevar los elementos de estudio y dejar en el lugar a dos jóvenes
observadores argentinos (Cassis y Schmidt). Estos quedaron allí, solitarios,
durante todo el invierno, conectados por radio con la Universidad. Aviones
de la Fuerza Aérea les arrojaban en paracaídas provisiones frescas y material
de trabajo.
Las investigaciones de rayos cósmicos comenzaron bajo la
dirección del doctor Juan Pinardi y continuaron a cargo del distinguido
profesor alemán contratado doctor Walter Giorgii. Tuvo un papel muy importante
el asesoramiento brindado por el ingeniero Otto Gamba, joven investigador
físico argentino, miembro de la Comisión Nacional de Energía Atómica,
que debido a sus méritos reconocidos internacionalmente llegó a ser el
primer extranjero admitido en la Comisión Nacional de Energía Atómica
de Francia. También investigó y enseñó en los Estados Unidos. Pero el
mayor mérito de esta realización debe atribuirse al talentoso rector de
la Universidad Nacional de Cuyo, doctor Inrineo Cruz, que alentó la investigación
científica en todos los campos.
Es decir que el sabio francés Pierre Auger, primer
investigador que habló de rayos cósmicos desde pocos años antes, y cuyo
nombre llevará el nuevo observatorio actualmente en construcción, ya era
conocido y seguido por los científicos argentinos en 1949.
Hoy resulta curioso que nadie haya informado de tales antecedentes
que podrían serles útiles al eminente James Cronin, premio Nobel de Física
y a cargo del nuevo proyecto del viejo Observatorio de Rayos Cósmicos
de Mendoza.
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Enrique Oliva
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Nota: "Los rayos cósmicos nos ayudarán a explicar el origen
del universo"
Sección Ciencia-Salud
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Fecha de publicación
07-05-2001
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Entrevista con James Cronin, premio Nobel de Física
"Los rayos cósmicos nos ayudarán a explicar el origen del universo"
Pasó por Mendoza para presidir una reunión internacional del Proyecto
Pierre Auger
En la colaboración científica participan 19 países y
250 investigadores
El observatorio de Malargüe permitirá detectar y estudiar este fenómeno
de la naturaleza
MENDOZA.– "Los rayos cósmicos de ninguna manera pueden ser
peligrosos porque hemos sobrevivido a ellos durante cien mil años y tampoco
existe la posibilidad de que la Legislatura de Mendoza o el Congreso en
Buenos Aires sancionen una ley que los prohíba.”
La definición, cargada de ironía, pertenece al premio Nobel
de Física, James Cronin, que estuvo esta semana aquí para reunirse con
120 científicos de distintas ciudades del mundo que participan del Proyecto
Pierre Auger, un observatorio que intentará descubrir el origen y las
características de los rayos cósmicos que llegan a la Tierra.
El científico norteamericano obtuvo el máximo galardón de
la ciencia en 1980. Actualmente, es profesor de física de la Universidad
de Chicago, miembro de la Academia de Ciencias de los EE.UU., de la Academia
Americana de Ciencias y Artes, y de la Sociedad Norteamericana de Física.
El centro de investigación científica que en dos años comenzará
a realizar las primeras observaciones, se propone develar el origen de
estos rayos que al cruzar la atmósfera se esparcen en millones de partículas
de alta energía e impactan constantemente sobre la superficie de la Tierra.
Aunque los estudios en Mendoza recién comienzan, investigar
estos rayos podría ser un aporte a la comprensión del universo y hasta
hay quienes sostienen la hipótesis de que podría contribuir a explicar
el origen del universo.
Con un lenguaje simple y moderado, Cronin prefiere no generar
expectativas desmesuradas respecto de una utilidad inmediata y masiva
de tales estudios, simplemente porque están pensados para ser desarrollados
a lo largo de 20 años.
Cronin conduce el grupo de trabajo en el que participarán
250 científicos de Estados Unidos, México, Brasil, Bolivia, la Argentina,
Australia, Vietnam, China, Japón, Reino Unido, Francia, Alemania, Holanda,
República Checa, Italia, Polonia, Eslovenia, Grecia, Rusia y Armenia.
Esos gobiernos aportarán los 50 millones de dólares necesarios para la
puesta en marcha del Observatorio Pierre Auger.
–¿Se cumplen los plazos fijados para habilitar el centro
de estudio de rayos cósmicos en Malargüe?
–Los plazos están en orden. En tres meses concluirá una
etapa y la totalidad del centro estará finalizado en cuatro años. Estoy
absolutamente conforme con el aporte de la comunidad internacional. Ha
tenido una actitud muy positiva, hicimos juntos el diseño y finalmente
están poniendo en marcha el proyecto en Malargüe. Es verdaderamente una
amplísima colaboración.
–¿En qué plazo se podrán tener los primeros resultados
de estos estudios?
–Si los diagramas siguen cumpliéndose como hasta ahora,
en dos años ya tendremos algunos resultados, incluso antes de que el proyecto
esté totalmente finalizado.
–¿Para qué sirve estudiar los rayos cósmicos?
–Uno de los aspectos más intrigantes en este tema es que
en realidad nadie sabe realmente de dónde provienen los rayos. Los datos
que reunirá el proyecto Pierre Auger tal vez ayudarán a explicar su origen
y agregarán piezas al rompecabezas que es la historia del universo.
–¿El mundo los estará mirando, expectante, para ver los
resultados de los estudios?
–No me animaría a decir el mundo entero, porque probablemente
van a estar mirando partidos de fútbol, pero sí la comunidad científica
internacional.
–¿La física aún tiene asignaturas pendientes en el espacio?
¿A su juicio, cuáles son?
–Pienso que en los próximos cincuenta años vamos a saber
realmente cómo se originó el universo, cómo evolucionó y hacia dónde se
dirige.
Al término de su conferencia, los interrogantes para James
Cronin se suceden. Muchos le preguntan acerca de plazos, certezas, definiciones,
fórmulas teóricas y utilidades concretas del estudio de los rayos cósmicos.
Ante esa vorágine de preguntas, el investigador prefiere la cautela del
científico que sabe que largos años de estudio dan resultados no tan altisonantes
para la opinión pública, pero sí para la ciencia.
Y advierte: “Debemos considerar este experimento desde el
punto de vista empírico: los rayos existen a pesar de que no sabemos qué
son ni de dónde vienen. Tenemos que recordar que muchas veces los descubrimientos
no surgen tanto de estudios teóricos como de la exploración del universo”.
Sergio Dimaría
Sensores para estudiar el cosmos
El observatorio emplazado a 420 kilómetros al sur de Mendoza,
en Pampa Amarilla, Malargüe, lleva el nombre de Pierre Auger, en homenaje
al científico francés que en 1938 descubrió un tipo de rayos que contienen
cien millones de veces más energía que los comunes. Allí se realizarán
investigaciones vinculadas con la física, la astronomía y la astrofísica.
Consiste en una red de 1600 tanques de acero inoxidable
que contienen agua purificada y están distribuidos en un campo de 3000
kilómetros cuadrados. Serán detectores de las partículas que se esparcen
a modo de lluvia por el impacto de los rayos cósmicos al cruzar la atmósfera.
Cada unidad receptora enviará señales a un centro informático
en el que se procesarán los datos recibidos como frecuencia de los impactos,
dirección y energía contenida.
Otro equipamiento de observación secundaria será una red
de telescopios que en la oscuridad de la noche permitirán detectar los
destellos fluorescentes que los rayos cósmicos provocan al cruzar la atmósfera.
La Argentina fue elegida como sede del centro de investigación
durante una sesión de la Unesco realizada en París el 22 de noviembre
de 1995 por sobre los otros dos candidatos, Australia y Sudáfrica. Las
condiciones de cielo diáfano, baja contaminación ambiental y escasez de
días nublados que se dan en el sur mendocino fueron factores decisivos
para esta elección.
El proyecto Pierre Auger contempla la instalación de dos
observatorios gemelos: el de Mendoza y otro en Utah, Estados Unidos, para
detectar las partículas de alta energía en ambos hemisferios del planeta.
La próxima reunión internacional también se realizará en
Malargüe, en la última semana de octubre.
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Nota: Partículas
Sección Ciencia-Salud
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Fecha de publicación
29-04-2001
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Proyecto de observación de rayos cósmicos
MENDOZA (DyN).- El premio Nobel de física de 1980, James
Cronin, inauguró anteayer en la localidad mendocina de Malargue uno de
los núcleos del proyecto científico mundial de observación de rayos cósmicos.
La iniciativa denominada "Laboratorio "Pierre Auger" comprende la instalación
de observatorios en varios puntos del planeta. En Malargue, Cronin puso
en marcha un detector de fluorescencia, un dispositivo único en el mundo
que junto con la sala de adquisición de datos que todavía se encuentra
en construcción constituyen el eje más sensible del proyecto. Desde allí,
los científicos de cualquier parte del mundo podrán evaluar los datos
captados por el detector de fluorescencia, con el objetivo de resolver
el misterio de los rayos cósmicos ultraenergéticos. Según explicó Cronin,
habrá un observatorio en cada hemisferio, de forma tal de tener una cobertura
amplia del cielo; se espera que el proyecto abra la posibilidad de descubrimientos
revolucionarios, agregó.
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Nota: Intentarán detectar rayos cósmicos
Sección Ciencia-Salud
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Fecha de publicación
28-11-2000
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Ocupa un área 30 veces más grande que París
Permitirá resolver uno de los más inquietantes misterios
de la astrofísica Se pone en marcha en cuatro meses
Es un emprendimiento internacional conducido por el premio
Nobel James Cronin y por el físico británico Alan Watson.
Ocupa un área 30 veces más grande que París
Permitirá resolver uno de los más inquietantes misterios de la astrofísica
Se pone en marcha en cuatro meses
James Cronin, Premio Nobel de Física 1980, está sentado
en el lobby de un pequeño hotel de la calle Guido, pero su mente se encuentra
a 150 millones de años luz de la Tierra. "Lo que buscamos -explica, entusiasmado-
es el origen de una clase especial de rayos cósmicos tan energéticos que
tienen que producirse fuera de nuestra galaxia, pero a no más de 150 millones
de años luz de distancia. Con el conocimiento actual de los procesos físicos,
nos resultan inexplicables. Son un maravilloso misterio, un hermoso problema
científico. Mis colegas y yo estamos realmente contentos."
Lo que mantiene en vilo al físico norteamericano es el Proyecto
Marc Auger, un gigantesco observatorio que intentará detectar estos rayos
cósmicos de alta energía y que está a punto de concretarse en la zona
cordillerana de Malargüe, Mendoza. "En tres o cuatro meses lo tendremos
funcionando", asegura.
El Proyecto Pierre Auger comenzó hace nueve años y hoy involucra
a más de 150 científicos de 18 países. Se dedicará a estudiar esas partículas
que ingresan en la atmósfera a altas velocidades y de las que apenas se
sabe que tal vez sean las más energéticas del universo y que son lanzadas
al espacio a altas velocidades por alguna fuerza poderosa cuya naturaleza
y ubicación se desconoce.
Durante tres cuartas partes de este siglo los investigadores
de rayos cósmicos ascendieron montañas, subieron en globos de aire caliente
y viajaron a los rincones más lejanos de la Tierra en su afán por entender
los rayos cósmicos. Ahora, el observatorio capaz de detectar estos objetos
tan elusivos -"que sólo han sido registrados apenas alrededor de 20 veces
en la historia"- tendrá nada menos que 3000 km cuadrados de extensión
(un área 30 veces más grande que la superficie de París) y consistirá
de 1600 tanques de agua sellados, de tres metros y medio de diámetro por
1.20 metro de alto, y doce toneladas métricas de capacidad, que estarán
ubicados a un kilómetro y medio de distancia entre sí. Los tanques, a
su vez, estarán vinculados con unas torres receptoras que envían la información
a un centro de recolección de datos.
Chubascos de partículas
"Uno no puede construir un aparato pequeño para estudiar este fenómeno
-explica Cronin-. Tiene que ser grande porque sólo recibimos dos de estos
rayos por kilómetro cuadrado, por siglo. De modo que en 3000 kilómetros
cuadrados esperamos recibir 60 por año."
Cada uno de estos tanques albergará instrumentos capaces
de contar el número de partículas que los atraviesen por el brillo azulado
que emiten y se comunicarán con computadoras que podrán determinar si
se trata de uno de los chubascos de rayos ultraenergéticos que
persiguen los científicos. "Combinando las mediciones de los números de
partículas y su tiempo de arribo a cada estación podremos determinar la
dirección y energía del rayo cósmico original", explica Cronin.
En los últimos cinco años, estos rayos atrajeron poderosamente
la atención de muchos físicos teóricos: se calcula que cada seis días
se publica un estudio acerca del tema. Dentro de este panorama, Malargüe,
en la Argentina, se transformará en el primer centro mundial dedicado
al estudio de este fenómeno, por ahora desconcertante. Si todo progresa
como se espera, dentro de dos años se comenzará la construcción de un
observatorio similar en el hemisferio norte.
Por ahora, la ciudad mendocina ya adoptó a los investigadores.
Hace unos días, 100 científicos se reunieron por tercera vez allí para
ultimar detalles. "Más de mil personas asistieron a la sede central, hicieron
preguntas sobre el proyecto y no se querían ir", cuenta el científico.
Y agrega: "Esta oportunidad para la ciencia local fue posible, entre otras
cosas, por el firme respaldo de la provincia de Mendoza. Tenemos obstáculos
por delante, pero soy optimista. El observatorio de rayos cósmicos nos
dará la posibilidad de aprender nuevas leyes de la física, de descubrir
objetos astrofísicos increíblemente grandes cuyo funcionamiento no comprendemos
y fenómenos que nunca fueron revelados -explica-. Estamos en un gran momento".
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Nota: ¿Por qué en la Argentina?
Sección Ciencia-Salud
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Fecha de publicación
28-11-2000
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La decisión de instalar el observatorio Pierre Auger en
la Argentina se tomó en 1995. "Necesitábamos una zona amplia y oscura,
pero también el respaldo al proyecto", explica James Cronin. Después de
descartar a Australia (no tenía interés) y a Sudáfrica (no contaba con
las posibilidades institucionales de llevarlo adelante), los científicos
acordaron la participación local.
El gobierno de Mendoza se comprometió a ceder el terreno
y a aportar cinco millones de pesos en cinco años, de los que ya invirtió
casi dos y medio en edificios e infraestructura. El gobierno nacional
prometió 10 millones en cinco años, pero sólo entregó una pequeña fracción
de los primeros dos millones que debió haber hecho efectivos este año.
También participan Brasil, México, Estados Unidos, Alemania,
Italia y otros socios menores. El costo total del proyecto asciende a
50 millones de dólares.
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Nota: Avanza un Laboratorio en Mendoza
Sección Información General
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Fecha de publicación
18-03-1999
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MENDOZA.- Representantes de la Argentina, Francia, Estados
Unidos y el Reino Unido pusieron ayer la piedra basal del primer observatorio
de rayos cósmicos de América del Sur, que estará instalado en Malargüe,
al sur de Mendoza.
El proyecto comprende una inversión de 50 millones de dólares
y es dirigido por el científico James Cronin, premio Nobel de Física de
1980.
El estudio de los rayos cósmicos podría permitir el desarrollo
y aprovechamiento de formas de energía de gran potencial, hasta ahora
desconocidas para el hombre.
Cronin está a cargo de la cátedra de Física de la Universidad
de Chicago y llegó a esta ciudad para poner en marcha el emprendimiento,
bautizado como Proyecto. La iniciativa contempla la instalación de otro
centro detector de rayos cósmicos de alta energía en el desierto de Dugway,
Estado de Utah, en los Estados Unidos.
El físico Pierre Auger fue quien descubrió en 1938 la existencia
de partículas de energía ultraelevada. Pero hasta el momento la comunidad
científica no pudo establecer el origen de esas partículas, ni el mecanismo
de su funcionamiento.
La primera etapa de la inversión, de 10 millones de dólares,
será afrontada por el gobierno nacional, con el 80% del total. El resto
estará a cargo del gobierno de Mendoza. Los otros países adherentes al
proyecto aportarán material científico para el laboratorio como radares,
unidades receptoras y material de comunicaciones.
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Nota: La Argentina, punto de partida de un ambicioso proyecto científico
Sección Información General
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Fecha de publicación
10-09-1998
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Entrevista al premio Nobel James Cronin
El físico norteamericano planea construir en Mendoza
un observatorio para estudiar los rayos cósmicos, partículas de alta energía
que llegan del espacio.
En un hecho inusual y muy auspicioso para la ciencia local,
llegó a la Argentina, encabezando un equipo internacional, el doctor James
Cronin, premio Nobel de Física 1980 por el descubrimiento de las violaciones
a las leyes de simetría en la naturaleza.
El motivo de su visita es dar el puntapié final al proyecto
Pierre Auger, ambicioso emprendimiento que busca construir un gigantesco
detector de rayos cósmicos de alta energía en la provincia de Mendoza.
Ayer, Cronin fue recibido por el presidente Menem, que
le prometió un aporte 10 millones de pesos para llevar adelante su emprendimiento.
"Hace siete años que venimos trabajando en esto con Alan
Watson, y cuatro que lo hacemos con los científicos argentinos -contó
Cronin, entusiasmado, a La Nación-. Ahora estamos listos para echarlo
a andar."
-Doctor Cronin, ¿qué son los rayos cósmicos?
-Es una pregunta muy general y la contesto con una respuesta
general: se trata de radiación que viene de fuera de la Tierra, de más
allá de la atmósfera. Es el mismo tipo de radiación que obtenemos de la
radiactividad, de los reactores nucleares. Nosotros estamos interesados
particularmente en los rayos cósmicos de alta energía, que son las partículas
más energéticas que existen en la naturaleza.
-¿De dónde vienen?
-Eso es justamente lo que queremos averiguar. Hasta ahora,
todo lo que se sabe es que los rayos cósmicos con enormes energías existen,
porque se hicieron experimentos que lo probaron. Pero, por lo demás, no
tenemos ninguna idea de dónde se producen o cómo.
-¿Por lo menos tienen alguna pista de por dónde se puede
empezar a buscar?
-Se sabe que estas partículas interactúan con la radiación
de fondo cósmico y pierden energía. De esto podemos deducir que las fuentes
que las producen están cerca, al menos desde un punto de vista cosmológico
que, como usted comprende, es muy, muy lejos: a alrededor de 300 millones
de años luz, un largo camino en dimensiones humanas, pero una distancia
diminuta en el espacio. Por eso, creemos que el número posible de fuentes
que tendremos que rastrear no será tan grande.
-Los primeros estudios en el campo de los rayos cósmicos
fueron realizados desde globos aerostáticos. ¿Qué los hizo pensar en un
observatorio a ras del suelo?
-Bueno, este tipo de radiación, cuando llega a la atmósfera,
crea lo que llamamos una lluvia de partículas; es decir, una partícula
de alta energía crea alrededor de cien mil millones de partículas de baja
energía que se esparcen en muchos kilómetros cuadrados. Para detectarlas,
ubicamos grandes tanques de agua en diferentes lugares. Cuando una partícula
se desplaza a la velocidad de la luz, produce una onda electromagnética,
del mismo modo en el que un jet supersónico que sobrepasa la velocidad
del sonido produce una onda acústica que detectamos con el agua.
-¿Y cómo miden la energía?
-Utilizamos detectores que pueden medir las reacciones que
estas partículas establecen con el nitrógeno del aire. Son dispositivos
sensibles a la luz emitida por esa interacción. Esa es una de las razones
por las cuales nosotros queremos hacer nuestro experimento en Mendoza,
que tiene cielos muy claros.
-Dado que esas partículas conservan su energía sólo más
allá de la atmósfera, ¿no sería conveniente estudiarlas, por ejemplo,
desde una estación espacial?
-No, porque son muy raras: sólo llegan a la Tierra una por
cada kilómetro cuadrado por siglo. De modo que si tenemos 3000 kilómetros
cuadrados, podremos detectar aproximadamente 30 por año. Necesitamos el
espacio de que disponemos en el campo para poder recoger muestras significativas
de las lluvias de partículas. Pero hay otro modo de ver las cosas. Mi
colega, el doctor Alan Watson, suele utilizar una metáfora muy linda:
sí usamos un satélite, la Tierra, y sí usamos un detector, que es la atmósfera.
Esto no funcionaría en la Luna, por ejemplo, porque allí no hay atmósfera
y es muy difícil embocar una partícula sola. En cambio, aquí, en
la Tierra, por cada partícula que ingresa en la atmósfera tenemos 100
mil millones de partículas en la superficie.
-¿Llegan a la Tierra y también atraviesan nuestros
cuerpos?
-Alrededor de 100 de esas partículas están atravesando nuestros
cuerpos por minuto, aproximadamente un millón por noche.
-¿Se sabe por qué son tan raras?
-Pensamos que aquello que las produce tiene que ser un
objeto muy inusual y tiene que organizarse de una manera especial, algo
que parece ser muy difícil para la naturaleza. Otra especulación es que
algunas de estas partículas se produjeron en la explosión inicial que
creó el universo, el Big Bang.
-¿Por qué tenemos que estudiar los rayos cósmicos?
-Para contestar eso tenemos que ir a la razón de ser de
la ciencia misma, que es tratar de entender las leyes básicas de la naturaleza.
Todos estos aparatos que se usan, por ejemplo un grabador, fueron desarrollados
gracias a descubrimientos científicos hechos por gente curiosa. Y como
no tenemos absolutamente ninguna idea de cómo estas cosas se producen,
porque todas las leyes de la física que conocemos no pueden explicarlas,
estamos ansiosos de descubrir algo nuevo acerca de la naturaleza. Esa
es nuestra meta.
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